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"La educación inclusiva y de calidad se basa en el derecho de todos los alumnos a recibir una educación de calidad que satisfaga sus necesidades básicas de aprendizaje y enriquezca sus vidas"

UNESCO

 

La educación inclusiva significa que todos los niño/as y jóvenes con y sin discapacidad o dificultades, aprenden juntos en las diversas instituciones educativas regulares con un área de soportes apropiada.

Según la Unesco (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, en español), la educación inclusiva y de calidad se basa en el derecho de todos los alumnos a recibir una educación de calidad que satisfaga sus necesidades básicas de aprendizaje y enriquezca sus vidas.

Un informe de Unicef (Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, en español) citado por La Razón el 1 de julio del 2013, reportó que en Bolivia existen “441.000 niños, niñas y adolescentes con algún tipo de discapacidad física, mental o sensorial”. El programa Moto Méndez del Ministerio de Salud indica que, “en el 2010 se realizó un registro de las personas que tienen algún grado de discapacidad en el país y se inscribió a 82.087 personas. Del total de registrado, 4.486 son menores de 14 años que tienen algún tipo de discapacidad”, de acuerdo a la misma fuente.

En Bolivia existe la Ley 070 Avelino Siñani y Elizardo Perez, que contempla la educación para personas con discapacidad como “educación especial”. En el artículo 25, se describe educación inclusiva como “Educación para personas con discapacidad, personas con dificultades en el aprendizaje y personas con talento extraordinario en el Sistema Educativo Plurinacional”. La ley describe dos modalidades, Modalidad Directa, para las y los estudiantes con discapacidad que requieren servicios especializados e integrales y la Modalidad Indirecta, a través de la inclusión de las personas con discapacidad, personas con dificultades en el aprendizaje y personas con talento extraordinario en el Sistema Educativo Plurinacional, sensibilizando a la comunidad educativa.

Laura Gamarra

25/07/17

Es la hora del recreo y en el patio se escuchan risas y gritos, los estudiantes corren y juegan, otros sentados en la glorieta, una especie de redondel con el piso y techo de madera. Una fila puede observarse en el quiosco del colegio Colesol; lo interesante es que no hay empujones y gritos, sino paciencia y colaboración.

De ojos pequeños con un gorrito en la cabeza aparece Angel de 9 años, quien desea comprar una pizza y está alistando su dinero. “Quiero una pizza” menciona apurado dejando la moneda en la mesa. Recibe su comida y se hace espacio entre los chicos para ir al jardín. Angel tiene autismo.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) los trastornos del espectro autista (TEA) son un grupo de complejos trastornos del desarrollo cerebral. Este término genérico abarca afecciones tales como el autismo, el trastorno desintegrador infantil y el síndrome de Asperger. Estos trastornos se caracterizan por dificultades en la comunicación y la interacción social y por un repertorio de intereses y actividades restringido y repetitivo.

Al final de la fila, se escucha hablar a un chico con sus compañeros, cuando llega al quiosco escoge lo que quiere y pregunta si le alcanza para un refresco. Ernesto se queda conversando con la joven que atiende el quiosco largo rato y luego con las demás personas que llegan al quiosco, él tiene transtorno de espectro autista.

En la Unidad Educativa Saint Germain- Colesol prácticamente se logró una utopía educativa, la discriminación y el bullying (acoso estudiantil) casi no existen, donde uno de los principales valores es la tolerancia hacia los demás, pues se cree firmemente en que todos somos iguales. También se ha logrado un ambiente de inclusión para los estudiantes con discapacidad, educación inclusiva.

“Los estudiantes son los ciudadanos que vamos a tener en el futuro y es importante que sepan respetar y hacer respetar los derechos de todas las personas.”

Juan Pablo Arias

Profesor

Según Gloria Antequera, psicopedagoga de la Unidad Educativa Saint Germain- Colesol, la educación inclusiva es un paso más a la inclusión social de personas con discapacidad y la Ley 070 es un gran avance para la inclusión: “Todas las personas siempre huyen o en algunos casos las albergan en sus casas y no las dejan ir a clases ni nada pero con esto que es la 070, se trabajó mucho con este problema de la educación inclusiva. La mayoría de los colegios, sino por decir todos, tiene la obligatoriedad de recibir en sus aulas a niños con discapacidad e inclusive a niños que tengan la dificultad en el aprendizaje, por lo tanto, la inclusión se está haciendo una realidad. Falta trabajar en la sociedad también, la sociedad exige, es competitiva por lo tanto esa sociedad tiene que aprender también a tratar eso y también permitirles que puedan estar incluidos en todas las actividades.” Pero la educación inclusiva va más allá de hacer parte de un colegio regular a los niños con discapacidad.

Angel llegó hace un año al ColeSol y su mamá, muy orgullosamente, describe las mejoras que ha tenido su hijo gracias a la educación inclusiva. “Está más independiente, se prepara su leche, empieza a vestirse con un poco de impulso, se baña solo y ha empezado a formar chistes”, también menciona que está mejorando su comunicación. “Angel puede más y hay que apoyarlo” concluye la mamá.

En algunos casos, en la mayoría en los nuevos estudiantes que ingresan al colegio, se tiene que trabajar con ellos. Gloria cuenta que “se trabaja con ellos para que vean que realmente todos somos iguales. Que llegado un momento todos tenemos una necesidad educativa especial o una necesidad y tenemos que aprender y tener en cuenta en nosotros mismos que todos somos iguales y que realmente todos podemos de acuerdo a nuestro ritmo, a nuestras habilidades y a nuestras destrezas”. La poca tolerancia se ve muy poco dentro del colegio, incluso con los nuevos estudiantes.

Luis, 14 años, entró al colegio a finales del 2016, no tuvo una reacción negativa respecto a su compañero con discapacidad, le pareció normal pero él percibe que a veces estos chicos se sienten solos porque andan solos; entonces “a veces interactúo con ellos”.

Los chicos que ya están más tiempo en el colegio, como Sebastián Loza de 16 años, ya comprenden que la inclusión es importante y que todos somos iguales. Él dice que los chicos con discapacidad “son más normales de lo que parecen”.

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“Todos están incluidos en sus respectivas aulas, lo que se hace es trabajar tanto con el niño para que él pueda incluirse en el aula, como también con el grupo del resto de los estudiantes de cada grado, de cada nivel para que ellos también reciban con naturalidad a ese tipo de niños y niñas.”

Gloria Antequera

Psicopedagóga

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¿Cómo se logra esta inclusión? Es un proceso, la psicóloga del colegio cuenta que, en el colegio, “todos están incluidos en sus respectivas aulas, lo que se hace es trabajar tanto con el niño para que él pueda incluirse en el aula, como también con el grupo del resto de los estudiantes de cada grado, de cada nivel para que ellos también reciban con naturalidad a ese tipo de niños y niñas.”

Juan Pablo Arias, profesor de Comunicación en el colegio, cree que la clave para tener una educación inclusiva exitosa es “cero tolerancias a las actitudes discriminatorias”. También es importante “hacer la clase muy participativa, explicar a los estudiantes (aparte del estudiante con discapacidad) cuáles son las características del estudiante y lograr que reconozcan en todos que hay cosas que unos pueden y otros no con mayor o menor medida que los demás, esto pasa con todos. Es muy importante también que vean que el trato no es preferencial, sino acorde a las capacidades de cada uno, que se le felicita y se le llama la atención por sus acciones tanto como a los demás, acorde claro a aquello que pueda controlar el estudiante”.

La educación inclusiva también tiene sus dificultades. Andrea Cerezo, profesora de literatura, relata que su mayor dificultad es “la continuidad en el trabajo, varios estudiantes tienen asistencia intermitente o no realizan los trabajos asignados, se debe tomar en cuenta que el avance de los estudiantes con discapacidad es más pausado y ellos prefieren avanzar al ritmo del resto de su clase. Entonces en orden de mantener la integración a veces se saltan temas sin haberlos aprendido bien”.

Cada estudiante con discapacidad tiene asignado un tutor, que es uno de los profesores del colegio. Los profesores también tienen constantes capacitaciones y reciben materiales que especifican sobre las discapacidades de cada estudiante, las dificultades que estas conllevan y la forma como tratarlos.

Así se ha creado un lugar educativo utópico, donde la tolerancia, el respeto, el apoyo y la inclusión son los principales valores. El Colesol forma estudiantes que no solo saldrán a ser profesionales, si no van a ser agentes de cambio. Como dice el profesor de Comunicación, “los estudiantes son los ciudadanos que vamos a tener en el futuro y es importante que sepan respetar y hacer respetar los derechos de todas las personas”.

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